Tesis. Crespo Losada. Traducción y comentario filológico del “Tractatus primus” de Prisciliano de Ávila, intitulado “Liber apologeticus”. 2009.

TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO
DEL “TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO
DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS”.

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR
PRESENTADA POR

Manuel José Crespo Losada

 

CARACTERIZACIÓN DE PRISCILIANO Y DE SU OBRA

Lo poco que sabemos acerca de Prisciliano y de las páginas que protagoniza en la historia de Hispania durante la segunda mitad del siglo IV ha sido motivo de numerosos trabajos en los que la investigación histórica se ha afanado por reconstruir los hechos a partir, sobre todo, de la Crónica de Sulpicio Severo, cuyos datos han sido cruzados y completados con la exigua noticia que ofrece el segundo de los Tratados de Würzburg, intitulado Ad Damasum episcopum. Con tales noticias los historiadores han podido recomponer algunos trazos de su perfil social, como su pertenencia a las clases altas de la sociedad hispánica y su formación en la escuela romana. Convertido al cristianismo(1), es instruido por Agape y el rétor Helpidio, a quienes Severo hace hijos espirituales de Marco de Menfis. El ímpetu apostólico(2) y el rechazo de mediocridades (3) le llevan a difundir un estilo de vida basado en la radicalidad evangélica, al modo de Pablo. Las fuentes confirman la adhesión de algunos obispos como Instancio y Salviano (más tarde se les añade Higino de Córdoba). Le siguen también otros insignes personajes de la época; sobre todo destaca Tiberiano, cuya personalidad no ha sido suficientemente valorada (4); también Simposio, y mujeres como Prócula y su madre Eucrocia, esposa del rétor Delfidio, amigo del poeta Ausonio.

Los datos, que lo sitúan en la segunda mitad del siglo IV, hacen referencia a la última etapa de su vida: en 380 se celebra el concilio de Cesaraugusta, mencionado por el propio Prisciliano como acontecimiento relevante dentro de la contienda con su principal adversario, Hidacio de Mérida. Algunos pretenden deducir del número de obispos asistentes, y de la diversidad regional de procedencia de los mismos, la extensión de lo que luego se llamaría priscilianismo o, más correctamente, la difusión del modo de vida y de pensamiento de la secta(5) que, por ese tiempo, según dicha hipótesis, habría llegado hasta Aquitania, provincia gala muy relacionada por ese tiempo con Hispania. Hacia el 382 se producen los acontecimientos a los que hace referencia la carta a Dámaso, el único tratado del códice de Würzburg que ofrece datos históricos. Dicho escrito, el segundo de los Tratados editados por Schepss, confirma la presencia de Hidacio en el concilio de Cesaraugusta. El autor, así mismo, relata brevemente la visita de los de Prisciliano a Mérida –y su violento resultado–, así como la revuelta de cristianos emeritenses a raíz de las acusaciones públicas infligidas a Hidacio por parte de uno de sus sacerdotes. Dos personajes también mencionados son Ambrosio, a la sazón obispo de Milán, y un cuestor de palacio, de nombre desconocido, ante quien formulan una petición de audiencia Prisciliano y sus acompañantes en un viaje que los lleva a Milán y a Roma(6). Un último apunte cronológico es el año del proceso en Tréveris y de la muerte de Prisciliano, durante el mandato del usurpador Máximo (383-385). Las fuentes no se ponen de acuerdo acerca de este asunto. De las referencias internas en la crónica de Sulpicio Severo se deducen dos fechas distintas: 382 y 385, esta última la más probable, pues coincide con la noticia de Próspero de Aquitania, que data la ejecución de Prisciliano tras la celebración, en 385, del concilio de Burdeos. En la misma línea, la Chronica Gallica sitúa el juicio de Tréveris antes de una disputa entre Ambrosio y Justina, ocurrida en marzo de 386. Por su parte, Idacio de Chaves retrasa la ejecución hasta el 387(7).

Poco más se sabe acerca del personaje y de los convulsos acontecimientos en los que se vieron implicados los eclesiásticos y los políticos más relevantes de la época. La conocida como “contienda priscilianista” da comienzo en Hispania, probablemente a partir de una carta en la que Itacio de Ossonuba previene a Hidacio de Mérida sobre el peligro que podía entrañar cierto grupo de rigoristas capitaneados por un tal Prisciliano, y culmina con el proceso de Tréveris y con la muerte de nuestro protagonista junto con la de no pocos de sus secuaces. Muerto Prisciliano, y con él la controversia priscilianea(8), empieza lo que con más precisión puede llamarse priscilianismo(9).

1 Cf. Fontaine 1981: 189. Estudiosos como Babut (1909: 283s.) niegan este extremo y son partidarios de considerar a Prisciliano “cristiano viejo”.
2 Sin salir del primer tratado, resultan palmarias las muestras de la vehemencia con que Prisciliano exhorta a la conversión a los cismáticos (Tract.1.10.24ss., 1.27.26ss.) y, así mismo, de la importancia que para él tiene el hecho de hablar de Dios como elemento constitutivo del don de profecía (Tract.1.32.14ss.).
3 Cf. Ap.3.15.16 en 1.27.30-28.1. Las referencias a una entrega total a Cristo aparecen con frecuencia vinculadas al bautismo (cf. Tract.1.5.2s., 2.34.18ss.).
4 Ni siquiera en el excelente catálogo prosopográfico del Priscilianismo elaborado por Piay (2006) Tiberiano Bético sale del anonimato al que le reducen Sulpicio Severo y Jerónimo, consignado en el PLRE1 como Tiberianus 3. En nuestro comentario aventuramos otras posibilidades respecto a su identidad, que podría coincidir con la de otro Tiberiano, poeta, consignado en el mismo corpus prosopográfico como Tiberianus 1 (cf. § 16).
5 Olivares 2004: 19.
6 El dato cronológico, sin embargo, lo facilita Sulpicio Severo, al vincular las intrigas palaciegas de la cuestión priscilianista con Macedonio, magister officiorum de la corte del emperador en Milán, en el 382- 383.
7 Para un desarrollo completo acerca de la fecha de la ejecución, cf. Vilella 1997: 529, n.173.
8 Romero Pose (1996) engloba dentro del vocablo ‘priscilianeo’ todo lo relativo a la vida de nuestro autor, distinto de lo ‘priscilianista’, que sazona, tras su muerte, la historia de Hispania desde el siglo V hasta el VII. Adoptamos en nuestra introducción esta distinción terminológica.
9 La vinculación documental de Prisciliano con la herejía se produce a partir del primer Concilio de Toledo (circa 400), en cuyas actas aparecen expresiones como aduersus Priscilliani sectatores et haeresem. El término ‘priscilianista’ lo acuña Orosio en su Commonitorio (circa 414).

Crespo Losada , Manuel José (2009) Traducción y comentario filológico del “Tractatus primus” de Prisciliano de Ávila, intitulado “Liber Apologeticus”. [Tesis]

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Tipo de documento: Tesis
Información Adicional: Tesis de la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filología, Departamento de Filología Latina, leída el 27-02-2009
Directores (o tutores):
Nombre Email del director (o tutor)
Ayán Calvo, Juan José
Caerols Pérez, José Joaquín
Palabras clave: Prisciliano de Ávila, Tractatus primus, Liber Apologeticus
Materias: Humanidades > Filología > Filología latina
Código ID: 9709
Depositado: 04 Dic 2009 13:25
Última Modificación: 06 Feb 2014 08:30

Commentary. John Cooper. Noteworthy Lectures (11.28.11)

Today, Ryan Clevenger announced in his blog the Lectures of John Cooper “delivered the John Locke Lectures at Oxford this year on “Ancient Greek Philosophy as a Way of Life” examining four ancient philosophies: Socrates, Aristotelianism, Stoicism, and Platonism (mostly on Plotinus).”

The 4 readings are available as audio files, directly from the Oxford University.

As the same Clevenger says, “The last lecture was the most interesting for me as it has the most to bear on our understanding of the intellectual world within which Christianity swam from the 3rd-6th century.”

Hoppe. De sermone Tertullianeo quaestiones selectae. 1897.

De sermone Tertullianeo quaestiones selectae

(1897)

Author: Hoppe, Heinrich, 1868-

Subject: Tertullian, ca. 160-ca. 230

Publisher: Marburgi Chattorum

Language: Latin

Call number: AGB-9833

Digitizing sponsor: University of Toronto

Book contributor: Robarts – University of Toronto

Collection: robarts; toronto

Goeltzer. Grammaticae in Sulpicium Severum observationes potissimum ad vulgarem latinum sermonem pertinentes. 1883.

Grammaticae in Sulpicium Severum

observationes potissimum

ad vulgarem latinum sermonem pertinentes

(1883)

Author: Goelzer, Henri (Henri Jules Ernest), 1853-1929
Subject: Severus, Sulpicius; Latin language, Post classical
Publisher: Paris : Hachette
Language: Latin
Call number: AGO-3676
Digitizing sponsor: University of Toronto
Book contributor: Robarts – University of Toronto
Collection: robarts; toronto
Notes: some text blurry

Bochet. Saint Jérôme et ses ennemis : étude sur la querelle de Saint Jérôme avec Rufin d’Aquilée et sur l’ensemble de son oeuvre polémique. 1905.

Saint Jérôme et ses ennemis :

étude sur la querelle de Saint Jérôme

avec Rufin d’Aquilée

et sur l’ensemble de son oeuvre polémique

(1905)

Author: Bochet, Jérôme, 1870-1927; Jérôme, saint, m. 419 ou 20; Rufin, d’Aquilée, ca. 345-410
Subject: Jérôme, saint, m. 419 ou 20; Rufin, d’Aquilée, ca. 345-410; Saints chrétiens
Publisher: Paris : A. Fontemoing
Language: French
Call number: BR 1720 .J5 B727 1905
Digitizing sponsor: University of Ottawa
Book contributor: University of Ottawa
Collection: universityofottawa; toronto

Marbach. Die Psychologie des Firmianus Lactantius; ein Beitrag zur Geschichte der Psychologie. 1889.

Die Psychologie des Firmianus Lactantius

ein Beitrag zur Geschichte der Psychologie (1889)

Author: Marbach, Friedrich
Subject: Lactantius, ca. 240-ca. 320
Publisher: Halle a.S. Heynemann’sche Buchdruckerei (F. Beyer)
Language: German
Call number: AFS-5526
Digitizing sponsor: University of Toronto
Book contributor: Robarts – University of Toronto
Collection: robarts; toronto

Es gibt in der Weltgeschichte kaum eine Epoche, die der Wissenschaft noch so viel ungelöste Rätsel darbietet, als die ersten Jahrhunderte unserer christlichen Zeitrechnung. Wie war es möglich, dass die ganze so hoch entwickelte Cultur in einigen Jahrhunderten überwunden werden konnte, und an ihre Stelle das Christentum mit seinen allen antiken Anschauungen widersprechenden Gedanken trat und die Menschheit für sich gewann. Die Menschheit, die über die Mythen und Mysterien der heidnischen Religion spottete, vereinigte sich, um einen bei dem verachtesten Volke als Hochverräter Gekreuzigten anzubeten. Das Gebot der Nächstenliebe ward zu allererst in seinem ganzen Umfange anerkannt, auf die Armen und Verlassenen, ja auf Feinde und Verbrecher ausgedehnt, zu einer Zeit, in der der Unterschied zwischen Herren und Sklaven, unermesslich Reichen und elendem Proletariat am stärksten hervortrat. Das Streben nach einer höhern, bessern Welt und damit in Zusammenhang die Verachtung alles Irdischen ergriff die Herzen der Menschen, obwohl dieselben in jener Zeit ganz besonders im Stande waren, sich alles, was die Erde bietet, zu verschaffen und zu gemessen, und in der That allein dem Genüsse des irdischen Dasein’s zugewandt waren.
Es ist die schwierige Aufgabe der wissenschaftlichen Forschung nachzuweisen, wie jene Umwandlung sich vollzogen hat, wo in der antiken Welt die Berührungspunkte zu suchen sind, an die die neuen Ueberzeugungen anknüpfen konnten, um in allmählich fortschreitendem Prozess die alten Anschauungen vollkommen umzugestalten. Gewiss war es gerade der Zweifel an jeder religiösen und sittlichen Wahrheit und die hierdurch entstandene Sehnsucht des vereinsamten Gemüts, die die Menschen zur Gemeinschaft im Glauben an Christum führte; gewiss war es vor allem das ungeheure Elend der niederen Massen, das sie das hier auf Erden vermisste Glück in einem bessern Jenseits suchen liess; gewiss war gerade die Uebersättigung und Erschöpfung durch alle Genüsse der Welt ein Hauptgrund dafür, dass Viele dem schroffen Gegensatz hierzu, der Askese und Weltflucht Reiz abgewannen, wie kam es aber, dass das Evangelium, das zunächst nur die Gemütsbedürfnisse so vieler befriedigte, auch die Ergebnisse der alten Wissenschaft in seinen Bereich zog und dieselben, ohne sie zu zerstören, auf Grund der neuen Ueberzeugung umgestaltete?

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O’Connor. The concept of the human soul according to Saint Augustine. 1921.

The Concept of the Human Soul

according to

Saint Augustine

DISSERTATION

Submitted to the Faculty of Philosophy of the Catholic University
of America in Partial Fulfillment of the Requirements for
the Degree of Doctor of Philosophy.

BY

REV. WILLIAM P. O’CONNOR, A. B.

Archdiocese of Milwaukee
1921

The soul of man was for Saint Augustine an object of life-long study and investigation., He was not particularly concerned about the soul as such, the plant soul, or the irrational soul of the brute, except insofar as a study of these might serve to throw some light on the nature and activities of the human soul. His interest in the soul of man was not actuated by mere curiosity to know for the sake of knowing, but he sought to know the human soul as a means whereby he might arrive at a clearer and better understanding of the Supreme Being.
The concept of the human soul as it appears in the writings of Saint Augustine is not set forth in a systematic manner, but the elements that enter into its make-up are found widely scattered through his various philosophical, apologetical, polemical, exegetical, and dogmatical works. He wrote a few special treatises on the human soul, but he never attempted to construct an organized philosophy of the soul.
The present thesis proposes to collect and coordinate the philosophical fragments of Saint Augustine’s doctrine of the human soul and to interpret these in the light of his mental progress. There is a tendency on the part of some commentators to over-emphasize the Platonic character of Augustine’s doctrine of the human soul. It is true that those works which were published during the first few years of his career manifest the strong influence of his recent study of Neo-Platonism. The treatises, however, which belong to that period when he was Bishop of Hippo and one of the most renowned scholars of his day stamp him unquestionably as a Christian philosopher. It is indispensable to the correct understanding of Augustine’s concept of the human soul that due regard be paid to the development which characterizes his doctrine.

O’Connor. The concept of the human soul according to Saint Augustine (1921).